IV
se sienta bajo el árbol y contempla las horas que se deshacen en sus ojos, como pedazos de tragedia que se extienden en el tiempo, solo pedazos, imposible de reconstruir.
se sienta y las imágenes fluyen como el río, sin el ruido, sin el olor, sin las caricias, se suceden, imposible de detener.
y el alma late, porque ya su corazón se perdió, pero late con tanta fuerza que me deja sordo. y late y pide por favor frenar el tiempo antes del beso, frenarlo ahí, sentir la cercanía lejana de extender los labios tan solo un poco más, para morder lo prohibido. y late desenfrenada pero no lo logra. y así, el misterio se derrumba, como pedazos de tragedia imposibles de unir ya.
cuando llegue la noche, ¿quién velará por los perdidos?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario